lunes, 12 de septiembre de 2011

Para colaborar con Mariela Castro (V)

Gays, UMAP, Represión

Para colaborar con Mariela Castro (V)

Quinto de una serie en seis partes, sobre las atrocidades sufridas por
quienes fueron enviados a las UMAP

Félix Luis Viera, México DF | 12/09/2011

Estos camiones eran más antiguos, tenían el motor —que parecía quejarse
más bien— en la "nariz", la cual se tomaba un tramo considerable más
allá de la cabina del conductor. La marcha era lenta, de manera que no
era posible que el ambiente se refrescara ni aun en medio de la noche;
ni que, en cuantía suficiente, se disiparan los malos olores con que
cargaban los hombres. Además de los soldados que custodiaban en los
camiones, iban otros en jeeps que corrían y retrocedían por los
laterales. Ya habría pasado la medianoche cuando el convoy hizo un giro
a la derecha y se abrió un pequeño, intrincado pueblo camagüeyano.

Entraron los camiones por una puerta lateral de un estadio de béisbol, y
abarcaron en círculo las orillas del terreno. Se encendieron más luces
que las prendidas hasta entonces y se escucharon órdenes de bajar "a
toda velocidad". Unos ayudaban a bajar a otros. Se oían sobre todo las
palabras "sed", "hambre", "mamá", "madre", "dios". Los guardias
encaminaron al grupo hacia el centro. A algunos a rastras. Se llenó por
completo el terreno de béisbol. Una buena parte de los reclutados se
echó en la yerba, en la arena, y así estuvieron hasta que los soldados
fueron de grupo en grupo conminándolos a ponerse en pie, avisando: "¡El
jefe va a hablar!".

Desde un podio, tosco, en lo alto, detrás del home, habló el que se
presentó como comandante político de las Unidades Militares de Ayuda a
la Producción; estaba rodeado de seis u ocho militares con aires y
charreteras de oficiales, uno de estos había presentado al comandante
político. Éste, mediante un altoparlante que trasmitía tanto ruido como
voz, aclaró que era falso lo que personas enemigas de la revolución
decían sobre las Umap, eran patrañas de los enemigos "de afuera y
adentro", las Umap no eran otra cosa que la inversión de fuerza de
trabajo en la necesitada provincia de Camagüey. No todos los hombres
podían ingresar en las fuerzas regulares del Servicio Militar
Obligatorio, no todos los hombres nacían aptos para las armas militares,
también con el machete y la guataca se podía defender la patria,
mientras quienes así lo hacían comprendían mejor que nunca cuánto tesón
y coraje se necesitaba para que la tierra diera los frutos que una nueva
sociedad necesitaba. Mientras el jefe político hablaba, varios hombres
caían y eran levantados a punta de bayoneta por los soldados, pero
volvían a caer, y volvían a levantarlos.

Cuando el comandante político terminó, solo pocos de los reclutados
aplaudieron. Pero tal pareció que eran muchos los aplausos: atronó el de
los oficiales que estaban junto al comandante, cerca del amplificador, y
el de los soldados que se hallaban en el terreno. Cuando cesaron los
aplausos, uno de los encartados, que gritó llamarse "Belisario" y a
quien, dijo, "había que tocársela", comenzó a caminar de espaldas,
repitiendo las mismas frases. Estaba cerca del hombre de unos veinte
años cuya cabellera, ahora rapada, sin duda sería negrísima. Éste no vio
desafío en la expresión de Belisario, pareciera que esas frases se las
decía a sí mismo o a alguien que no estaba allí. Siguió caminando de
espaldas, diciendo lo mismo, hasta que topó con la malla de un lateral.
Los soldados se dieron voces de un sitio a otro y los reclutados fueron
puestos de pie, los que no lo estaban, y cercados a presión por los
guardias. Belisario, abacorado por dos o tres guardias y ya en un
extremo de la maya adonde no llegaba la luz, gritó quizá par de veces lo
mismo, antes de que se escucharan golpes, quejidos. Cuando lo llevaban a
rastras hacia fuera del estadio, pudo verse que vestía un pantalón de
caqui, la camisa de lienzo tal vez color crema.

Al salir del estadio recibieron un bocadito de pasta indescifrable y
"agua para toda la tropa", a uno por uno antes de subir a los camiones,
de manos de soldados que no llevaban fusiles ni pistolas, como "soldados
camareros". Se fragmentó por segunda vez la caravana —la primera había
sido cuando llenaron los camiones desde el tren— y agarró distintas
direcciones del pueblito. El camión en que iba aquel hombre de unos 20
años tomó hacia el fondo y enrumbó por un terraplén. Entonces se sentía
más recia la noche porque era campo abierto. Cuando el motor
desaceleraba era posible escuchar los grillos y en algún momento el
pitido de una lechuza, puesto que los hombres llevaban el silencio del
agotamiento y del miedo. Se mantenían esos murmullos que debían ser
rezos. Iba la caravana lenta debido a lo maltrecho del camino. Era
madrugada cerrada y la luna se asomaba apenas y de rato en rato, y el
calor y el sudor empapaba sobre lo empapado. Se notaba que los
reclutados miraban a un lado y a otro como si quisieran adivinar en
dónde se hallaban o quizás buscando una señal que les indicara que
estaban llegando a alguna parte. El camino por tramos se estrechaba
entre zarzales y entonces el asunto parecía más fúnebre aún. Nadie iba
sentado porque los baches tiraban hacia acá y hacia allá y los que no
estaban a mano de la baranda se agarraban unos a otros. Había arribado
la solidaridad: nadie se fijaba si se le agarraba un homosexual, ni
ningún homosexual se agarraba a otro que no lo fuera como a la carne.
Los camiones de adelante fueron aminorando la marcha. Unos tres minutos
después el farol derecho del camión donde iba aquel hombre cruzó un
cartel escrito en una tabla irregular, sin color añadido y como
mordisqueada en los bordes, que avisaba con trazos gruesos de algún
betún negro: "sona melital". Era maleza baja lo que se veía alrededor,
al parecer desmochada recientemente.

Los camiones entraron iluminando a dos soldados con el fusil al pecho
junto a una garita y dieron vuelta en redondo y se vieron las cercas de
alambres de púas, muy altas, con un tiro aéreo como de dos pies hacia
dentro en la cúspide. Los alambres de púas estaban pegados y cruzados
entre sí a manera de cuadrículas mínimas por donde no cabría ni una
mano. Mandaron bajar pero los camiones no apagaron los faros.
"¡Formen!", fueron gritando los soldados que habían escoltado hasta
allí, a la par que iban organizando a los hombres, que al fin hicieron
unas filas que daban pena, o risa. Los camiones seguían dando la única
luz con sus faros. Aquel reclutado de unos veinte años de edad pudo ver
que quienes estaban cerca de él tenían el pánico en el rosto, miraban a
las alambradas de parpadeo en parpadeo. Uno de los que el hombre
observaba en ese momento, de piel rosada, delgado, nariz ganchuda, unos
18 años de edad, súbitamente comenzó a cantar en alta voz "En la montaña
de Imitos/ el corazón yo te entregué". Varios soldados llegaron
corriendo hasta el grupo, "¿quién cantó?", preguntaban. El cantador dijo
"yo" mientras bajaba la cabeza y sollozaba. Lo reprendieron
enfatizándole que "los hombres no lloran".

Los soldados que venían en los camiones se fueron en estos. Los que
esperaban en el sitio dieron tres o cuatro discursos presentándose como
jefes y segundos jefes y terceros y jefes de "pelotón" y de "política".
La iluminación llegaba de unos mechones de queroseno que habían puesto
en un sitio y otro unos soldados que dijeron ser "la guarnición". Los
jefes anunciaron que esa primera noche habría que dormir en el piso. Era
de cemento recién fraguado, que aún no había sido barrido. De nuevo el
equipaje sería la almohada.

Al amanecer la mayoría de los hombres contemplaban las cercas, y lo
comentaban entre sí; el asombro por instantes se superponía a la
expresión de temor, o se mezclaban ambas. Los formaron mediante órdenes
que obviaban la inexperiencia para el caso de los reclutados: las filas
hacia los excusados más bien serpenteaban. Solo podrían hacer las
necesidades, no había agua, "mañana sí, la traerán de la granja",
anunciaron los jefes. En el comedor les sirvieron el aproximado de una
taza de leche evaporada. "El pan lo traen mañana", dijeron los soldados.
A seguidas los arrearon para el centro de la explanada, los formaron de
nuevo y les asignaron los números, "que serán sus nombres en lo
adelante". Los encaminaron hasta una garita donde, después de decir sus
tallas, recibieron dos pantalones azul añil de mezclilla; dos camisas
azul claro de mezclilla; tres calzoncillos verde oscuros de popelín
satinado de patas largas sin bragueta; una gorra de igual color y tela
que la camisa; un sombrero de guano; tres pares de medias verde oscuras
de algodón; dos monogramas de forma triangular con fondo blanco y letras
rojizas que decían SoldadoUmap y que los reclutados debían coser de
alguna manera al brazo izquierdo de la camisa; un pantalón verde militar
con grandes bolsillos exteriores en los muslos que solo podría ser usado
al salir de permiso, en las visitas de familiares y en alguna salida
eventual autorizada; tres pañuelos blancos de algodón; tres toallas
blancas y pequeñas de tela, más que afelpada, semicorrugada; un par de
botas amarillas de caña baja; una colcha blanco crema, delgada. Sin
excepción, al dirigirse al sitio que les indicaron, con la carga de la
ropa a cuestas, los hombres —que parecían una procesión de mendigos con
sus ropas de civil sucia, percudida, manchada de tantas cosas, y ellos
mismos sucios, ajados, tambaleantes— serían lo más parecido a la derrota.

Era el domingo 20 de junio de 1966. Los reclutados estarían siete días
terminando los detalles que le faltaban al campamento; poniendo las
armazones donde irían las hamacas; limpiando los retretes; eliminando
los yerbajos que crecían en diversos ángulos; y marchando, marchando sin
saber ni remotamente de qué se trataba, y sin que a los jefes les
importara que ellos no supieran. Era penoso ver, bajo el sol terrible,
marchar a los más viejos, a los más débiles. Llamaba la atención, sobre
todo, un hombre de aproximadamente 6 pies y 5 pulgadas de estatura,
desgarbado, delgado para su altura y de unos 35 años de edad, quien
parecía arrastrarse más bien mientras en el rostro mantenía la expresión
de quien se está sobreponiendo al dolor; tenía los pies planos,
escoliosis, se sabría con el tiempo, y era un artista de teatro,
Armando. Desde el segundo día y por mucho tiempo se mantendría el
desayuno de leche evaporada, acuosa; el almuerzo de solo chícharos
aguados, la comida igual. Los hombres perdían peso día a día. Uno, Luis
Prego, sería sorprendido por otro, su amigo, comiendo de la esmirriada
vasija de sancocho, tomando las casi impalpables sobras desesperadamente
con sus manos. Aflorarían las peleas por el gran botín que significaban
las cacerolas untadas de raspas, cuando hubo arroz. Aquel caibarienense,
Losada, de unos 20 años de edad, daría fe, con casi 24 horas de gritos
insufribles, de un dolor en el vientre —"¡Qué dolor tan perro!"— que
haría que sus compañeros, finalmente, lo llevaran a rastras hasta la
puerta de la jefatura para ahí dejarlo y no volverlo a ver jamás. Aquel
placeteño, Luis Estrada Bello, un hombre de apenas 110 libras más o
menos, cuya fragilidad remitía a la tristeza de solo mirarlo, se
desmayaría constantemente para ser reintegrado a la formación
constantemente.

El domingo 27 de junio de 1966, en la tarde, reunirían a los hombres en
la explanada para informarles que al día siguiente comenzaría el trabajo
en el campo. En la mañana, les entregarían los azadones: se trataba de
limpiar los cañaverales de malas yerbas. Entonces, realmente, comenzaría
el infierno.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/para-colaborar-con-mariela-castro-v-268032

viernes, 9 de septiembre de 2011

Muere bajo custodia policial un transexual arrestado en La Habana

Represión

Muere bajo custodia policial un transexual arrestado en La Habana
DDC
La Habana 09-09-2011 - 7:39 pm.

Nelson Linares García, de 34 años, fue detenido y conducido a un
calabozo, donde falleció poco después.
La comunidad gay independiente condena su muerte y responsabiliza
al régimen.

Un transexual arrestado en La Habana "de forma arbitraria" murió bajo
custodia policial supuestamente por un paro respiratorio, denunciaron
este viernes defensores de derechos humanos.

Nelson Linares García, de 34 años, fue detenido en la madrugada del 8 de
septiembre en el Parque de la Fraternidad y conducido a un calabozo de
la estación policial de Zanja, donde falleció poco después.

Un médico "certificó" el paro respiratorio, pero las autoridades no le
practicaron la autopsia, según informó a DIARIO DE CUBA la periodista
independiente Magaly Otero.

La policía detuvo esa madrugada al menos a una decena de homosexuales,
travestis y transexuales en la Habana Vieja.

"Nelson le dijo a un oficial que se sentía mal, pero recibió tarde la
atención médica y murió de camino al hospital", denunció Leannes Imbert,
directora del Observatorio de Derechos Humanos LGTB.

Linares García estaba esperando para ser operado de cambio de sexo,
aunque no quedó claro si bajo el programa del Centro Nacional de
Educación Sexual o "por la izquierda", dijeron conocidos suyos.

"Condenamos esta muerte. No sabemos a ciencia cierta sus causas, pero
aquí ha habido una violación de los derechos de una persona simplemente
por ser homosexual. Él nunca tuvo que ser detenido", denunció Imbert en
declaraciones a este diario.

El cadáver de Nelson Linares García se encuentra tendido en la funeraria
de Zanja, adonde se han dado cita familiares, amigos y activistas gays,
que exigen una investigación.

Según el Observatorio de Derechos Humanos LGTB, las últimas semanas han
sido especialmente duras para la comunidad gay por las sucesivas redadas
en el centro de La Habana.

"Aquí mismo, en la funeraria, hay homosexuales que nos han enseñado las
huellas de golpeaduras en sus piernas, después de las redadas policiales
de esta semana", añadió Imbert.

(NOTICIA EN PROGRESO)

http://www.ddcuba.com/derechos-humanos/6865-muere-bajo-custodia-policial-un-transexual-arrestado-en-la-habana

Una pregunta a Fidel

Una pregunta a Fidel
Friday, September 9, 2011 | Por Leannes Imbert

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) – "Siempre el que ve a
Fidel tiene ganas de preguntarle muchas cosas, porque Fidel tiene
respuesta para todo; él siempre tiene respuestas para todo tipo de
pregunta".

Leyendo estas palabras de Mariela Castro pronunciadas durante su
aparición en el programa ruso "A solas" ,de Actualidad RT, el pasado 2
de junio, se me ocurre que Fidel Castro pueda responderme una pregunta
que nadie ha podido aclararme hasta hoy: ¿Por qué, si está tan
arrepentido del crimen que a principios de la revolución se perpetró
contra los homosexuales cubanos no deja, antes de morir, un legado digno
que lo exonere de esa culpa y dispone, además, que sean atendidas las
demandas de la comunidad LGTB y respetados sus derechos humanos más
elementales?

De nada sirve, Sr. Castro, que pretenda hacer creer que no estaba al
tanto de lo que ocurría en aquellos campos de concentración que fueron
las UMAP, como afirmaban hace poco su sobrina Mariela y el Dr. Alberto
Roque.

Existen testimonios que demuestran fehacientemente que estaba al tanto d
lo que ocurría. Por ejemplo, el relato que hiciera un joven poeta
miliciano a Ernesto Cardenal para su libro dedicado "al pueblo cubano y
a Fidel", donde decía: "Yo estuve allí (en la UMAP), no como preso sino,
como miliciano. Sí, carcelero digamos. Yo vi los malos tratos. A Fidel
le contaban lo que pasaba allí. Una noche asaltó una posta de guardia y
logró meterse dentro, como si fuera un preso, para ver los tratos que
daban allí. Se acostó en una hamaca. Los presos dormían en hamacas y los
despertaban golpeándolos con sables; o si no, les cortaban las cuerdas
de la hamaca. Cuando uno de los guardias levantó el sable y se encontró
con la cara de Fidel, casi muere del susto".

Claro que estaba usted al tanto, Sr. Castro, de lo contrario no habría
gritado aquel 13 de marzo de 1966, en la escalinata de la Universidad de
la Habana: "Y nuestro problema con estos señores tenemos que resolverlos
sencillamente; unos tendrán que ir a la cárcel por delito de tipo común,
otros tendrán que ir al Servicio militar, otros tendrán que ir a las UMAP".

Y, mucho antes, en 1963, dijo en la radio y ante las cámaras de
televisión que "muchos de esos vagos, pepillos, hijos de la burguesía,
que andan con pantalones estrechos y van a lugares públicos a hacer sus
shows, que no confundan la calma y la ecuanimidad de la revolución con
debilidad, porque nuestra sociedad no puede permitir espacio para este
tipo de degenerados. No voy a decir que tomemos medidas drásticas contra
esos árboles torcidos. Hay muchas teorías científicas (referencia a la
homosexualidad). No soy experto en el tema, pero esto tiene que ver con
el ambiente al que se vincula el vago, el escoria. Nuestra agricultura
necesita mano de obra. Dejemos que estos gusanos y vagos no confundan La
Habana con Miami".

Lo anterior lo convierte, Sr. Fidel Castro, no sólo en conocedor de uno
de los tantos engendros de este régimen heterosexista y homofóbico, sino
en su autor intelectual.

¿Por qué entonces no intenta exorcizar ese demonio homofóbico que tiene
dentro y, antes de realizar su último viaje, se reconcilia y ordena que
se haga justicia a todos aquellos -los vivos y los muertos- que han
sido víctimas durante medio siglo, de tanta ignorancia y de su
inexplicable aversión a la homosexualidad?

Sólo pedimos que se respeten nuestros derechos y no tener que seguir
demostrando nuestra humanidad en un país donde, supuestamente, se
respetan todos los derechos humanos. Usted puede hacer algo bueno y
digno por la comunidad LGBT cubana. No pierda también esta oportunidad.

http://www.cubanet.org/articulos/una-pregunta-a-fidel/

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cuba Dissidents Score Win with Gay Wedding

Cuba Dissidents Score Win with Gay Wedding
September 7, 2011
Alfredo Fernandez

Yoani Sanchez (in red) at the "Gay Wedding" on August 13th. Photo: Jorge
Luis Baños/IPS

"Pulling a victory out of the fridge" is an expression used in Cuba by
sports announcers to describe that boxer who, after having been beat in
each round, is able to win the fight thanks to a devastating blow at the
last moment, something nobody watching was expecting.

I don't know if my comparison is really apt, but every time that I think
about what happened around what was considered the first gay wedding in
Cuba, no other image comes to my mind.

But who authorized Alexis Iriepa to get a sex change operation in 2007?
As far as I know, no matter how much she may have wanted, dissident
blogger Yoani Sanchez didn't have the power to decide something like that.

So when the transsexual Wendy Iriepa requested from her boss Mariela
Castro Espin (the director of the National Center for Sexual Education
or CENESEX) authorization to marry legally, Mariela, and not without
difficulty, was able to arrange what up until then had been impossible.

This all demonstrates that evidently Mariela still doesn't work (or
didn't work) in total synchrony with the agencies of state security as
one might have expected. Had there been this coordination, how could
this wedding in which the godmother was the most famous dissident in
Cuba (along with her husband, Reinaldo Escobar, also an opposition
figure) have been held on the same day as the 85th birthday of El
Comandante Fidel Castro?

Obviously what happened was a big slip up. Perhaps by Mariela or maybe
by state security, who warned her too late that Wendy's boyfriend,
Ignacio Estrada, was nothing more than a "vulgar counter-revolutionary."
In fact, it seems that the news got to Mariela only on the day of the
ceremony, which by then had already been organized and perhaps even
announced to the world.

Otherwise, what would have been be a big victory for Mariela Castro and,
in passing, the paying of homage to El Comandante, who barely one year
ago openly admitted that "because of the Cuban Missile Crisis (he)
ignored the abuses committed against homosexuals at the beginning of the
1960s," turned out just the opposite.

Because of that, the wedding not only did without all of the
revolutionary grandiloquence demanded by that date, but it ended up with
dissident Yoani Sanchez coming out with a really unexpected media victory.

I believe that Mariela Castro learned the lesson this time: "You can't
give an inch to the forces of imperialism," and much less a sex change
operation, which according to the ineffable official Cuban blogger
Yohandri Fontana costs 30,000 Euros.

As for Wendy, she revealed herself to be an ingrate, when she had worked
so well at CENESEX.

But in the end, me — the damned Cuban that I am, looking for another
angle, — I wonder if the late Cuban writer Reinaldo Arenas, that
gentleman considered by gays as the homo saint, didn't put his touch on
this in an explicit manner, playing a dirty trick and making a mockery
with what happened, no matter wherever he is – in heaven or hell.

I don't know. I usually don't believe in spirits, but when I see cases
like this one from this past August 13, it really makes me think twice.

http://www.havanatimes.org/?p=50323

lunes, 5 de septiembre de 2011

Para colaborar con Mariela Castro (IV)

Gays, UMAP, Represión

Para colaborar con Mariela Castro (IV)

Cuarto de una serie en seis partes, sobre las atrocidades sufridas por
quienes fueron enviados a las UMAP

Félix Luis Viera, México DF | 05/09/2011

Cada vez que las puertas eran abiertas algunos de los reclutados
preguntaban a los guardias hacia dónde iban. La respuesta era
invariable: en el ejército no se pregunta, se obedece sin hablar. Varios
de los hombres, en uno y otro momento, aseguraban que el tren iría por
un pueblo o por otro, decían saberlo por el oído o contando las paradas,
discutían; luego, cuando el tren se detenía, abrían las puertas y era
posible mirar a lo lejos, los apostantes, todos, perdían: siempre
estaban más cerca del sitio de partida, que lo calculado. En uno de los
últimos tramos, unos y otros comenzaron a quejarse de picazón en todo el
cuerpo. En una parada pudo verse que varios, aun los negros, tenían
ramazones en la cara, torso, brazos. Eso se arregla luego, contestaron
los soldados a quienes preguntaron qué hacer. No todos preguntaban.
Varios con las ronchas, otros sin ellas, se quedaban tirados en el piso
aprovechando el espacio sobrante cuando sus vecinos de viaje se ponían
de pie. Un grupo de los que se habían quitado las camisas las habían
dejado en el piso. Otros caminaban sobre ellas. Algunas estaban
encharcadas de vómitos. En el vagón se podían contar dos o tres charcos
de vómito; su olor complicaba aún más el hedor ambiente, catalizado por
el calor.

En el vagón donde iba el hombre de unos 20 años de edad, cuya cabellera
debió de ser frondosa —negra era— antes de pelarse al rapado, como
exigía la citación que lo había llevado hacia donde estaba ahora, uno de
sus compañeros anunció algo inusitado: lanzaría una moneda envuelta con
el texto de un telegrama, por las rendijas de las tablas. Lo exclamó
como quien se ufana de un descubrimiento sumo. En una de las últimas
paradas, que sería la última aún con luz solar, el anunciante tomó una
hoja de la libreta que llevaba, el lápiz, redactó y envolvió la moneda.
En la memoria de quienes lo miraban debió quedar esta máxima: en
semejantes circunstancias, un hombre puede olvidar el vaso y los
cubiertos, pero sería muy raro que olvidara con qué comunicarse. En
cuanto el tren retomó la marcha, el hombre, afinando la vista, dijo,
pulsando el pulgar con toda su fuerza por uno de los intersticios, logró
que el envoltorio cayera hacia fuera. Tiempo después, el remitente
proclamaría que su telegrama había llegado a los destinatarios.

Era el anochecer —no se veían resquicios de luz por ninguna parte—
cuando el tren hizo la parada más larga, la última antes de llegar a la
ciudad de Camagüey, que allí se veía. Era Camagüey, sin duda, se
distinguían las luces de una ciudad grande, o al menos más grande que
las cruzadas hasta entonces. Pareció que se hallaban más soldados
custodiando las puertas que en las paradas anteriores; tenían los
fusiles terciados al pecho y metían la vista todo lo posible hacia el
interior del vagón. Repartieron comida, una cajita con arroz y frijoles
colorados. Ordenaron acercarse a la puerta, tomar la cajita y retirarse
a un extremo del vagón, "para que no cojan de más". La oscuridad era
casi igual que cuando el tren iba en marcha, de día. Unos hombres
despertaban o animaban a otros que no se levantaban. Uno, que tenía su
camisa de floripones amarrada a la cintura, delgado, encorvado, rubio,
arrastró casi hasta la puerta a aquel que en la mañana se había hecho
llamar María Elena. "A mí, muéranme de una vez", le dijo con voz
soñolienta María Elena al soldado que le entregaba la cajita; y el de la
camisa de floripones lo agarró y lo llevó hasta su rincón. Entonces se
escucharon gritos y varios disparos —de armas cortas justamente—. "¡Se
va ese negro tetón!", decían los gritos. Y se vieron a unos soldados,
que corrían viniendo desde la derecha, enrumbar hacia enfrente, donde la
oscuridad era más cerrada y tal vez habría un bosquecillo. ¿Quién sería
el "negro tetón"?, ¿quién era?, preguntaron varios. Y al unísono
corrieron muchas voces que ordenaban a gritos cerrar los vagones.

La espera se hizo muy larga. Más de dos horas. Los reclutados apenas
hablaban. Se escuchaban tanto lamentos como maldiciones, en voz baja. Y
oraciones susurradas. Citas bíblicas, extensas. Lo peor de todo era el
mal olor. Ya, cuando el tren arrancó, el silencio dentro del vagón era
casi rotundo. Al dar el tren el primer envión, uno gritó, con ese acento
de pánico con que se despierta de una pesadilla: "¡Soy católico!".
Serían las 10 de la noche. El movimiento fue lento. Se sintió el
retroceso, el avance, el retroceso y el avance de nuevo. Fue posible
escuchar en algún momento, llegados desde afuera, voces, cláxones,
llamadas; en fin, a pocos metros del convoy otras personas iban o venían
de paseo, del trabajo, de sus casas.

Habrían transcurrido unos 10 minutos cuando el tren tomó una velocidad
que casi hacía flotar los cuerpos de los envagonados. Este tramo pareció
inmenso, quizás por la velocidad del tren, tal vez porque se acercaba el
término del viaje. Finalmente, se sintieron las ruedas chirriar; la
velocidad mermó mientras se escuchaba, de manera exorbitante, el silbato
de la locomotora. Paró en firme. En el exterior correteos, gritos. Se
abrió la puerta mediante un tirón rapidísimo. "¡Son las 10 y 45, acabo
de verlo!", gritó uno de los reclutados que debía ser de los que traían
relojes, más bien con la entonación de quien protesta. Cuando los ojos
se adaptaron a la oscuridad, fue posible ver una formación de soldados a
lo largo de la línea y entre la maleza, tenían la bayoneta calada y los
fusiles en posición de listo. De inmediato, allá, a la izquierda, se
prendieron muchos faros alineados; eran, luego se sabría, de camiones
que hacían un ángulo con la locomotora. El tren comenzó a moverse y, en
la medida en que lo hacía y vaciaba, se movían asimismo los soldados que
resguardaban cada vagón. Cuando el vagón en que se hallaba el hombre de
20 años cuya cabellera negra, si dudas otrora abundante, se acercaba a
la carretera donde esperaban los camiones, él dijo "Tengo miedo, si al
menos fuera de día, si hubiera luz". Cuando el vagón donde iba este
hombre llegó a la carretera, los soldados que se mantenían cercándolo
ordenaron, con gritos expresamente intimidantes, que se bajaran
rápidamente, mientras apuntaban a medias con sus fusiles, y los
alineados en la carretera atronaban "¡corran!, ¡suban!". Los músculos
estaban entumecidos, el asfalto bacheado, la distancia desde el piso del
vagón hasta el suelo era considerable; pero los soldados conminaban a
lanzarse ya, rápido, sin pausa. Uno de los reclutados, al caer dobló las
rodillas, se fue hacia atrás, se golpeó la cabeza quizás con el raíl, y
en su afán de incorporarse se fue de rodillas, volteó y cayó de
espaldas. "Vamos, de pie, corre, arriba, vamos", le ordenó un soldado.
Pero el caído, al intentar obedecer, sólo alcanzó un movimiento sin
control del torso y se le vio en la noche una baba por un extremo de la
boca y los ojos como si quisieran regarse en toda la cara, "no puedo",
balbuceó, "no me siento las piernas". El reclutado de unos 20 años de
edad retrocedió y trató de ayudar al caído, que se agarró con toda
fuerza a su pierna derecha clavándole las uñas "no me dejes, siento que
me partí la columna vertebral, no me dejes". Pero el soldado se acercó
al que intentaba ayudar, lo pinchó con la bayoneta y le gritó: "¡Tú
corre a tu camión, comemierda!".

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/para-colaborar-con-mariela-castro-iv-267789

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mariela Castro quiere saber qué pasa con la actualización del Código de Familia

Homosexualidad, LGBT

Mariela Castro quiere saber qué pasa con la actualización del Código de
Familia

"Ese es un tema que está ahí y nosotros estamos totalmente ausentes",
dijo la sexóloga sobre la reforma que permitiría la unión legal de los
homosexuales y el reconocimiento de derechos de los transexuales

EFE, La Habana | 03/09/2011

Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual
(Cenesex) e hija del presidente cubano, Raúl Castro, repitió el viernes
que no sabe qué pasa con el anteproyecto de ley para la reforma del
Código de Familia.

Según la sexóloga, aún no ha recibido respuesta del Ministerio de
Justicia sobre el cambio del Código de Familia que permitiría la unión
legal de los homosexuales y el reconocimiento de derechos de los
transexuales.

"No nos han dado ninguna respuesta sobre la actualización del Código de
Familia, sabemos que el anteproyecto está en manos del Ministerio de
Justicia, quisiéramos saber qué están haciendo y que nos consultaran
también si tuvieran dudas, pero eso no ha ocurrido", dijo Castro.

"Ese es un tema que está ahí y nosotros estamos totalmente ausentes y no
sabemos qué pasa", añadió.

Mientras tanto, dijo que el Cenesex está ocupado en "fortalecer" sus
líneas de investigación, sus áreas académicas y científicas y trabajando
en su estrategia de comunicación sobre todo a través de los medios de
prensa oficiales.

Además, precisó que están organizando el VI Congreso cubano de
Educación, Orientación y Terapia Sexual, que tendrá lugar en enero de 2012.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/mariela-castro-quiere-saber-que-pasa-con-la-actualizacion-del-codigo-de-familia-267765

viernes, 2 de septiembre de 2011

Carta abierta a Mariela Castro Espín

Carta abierta a Mariela Castro Espín
Friday, September 2, 2011 | Por Leannes Imbert


LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) –

Dra. Mariela Castro:

Al igual que a usted ¨la vida en este país me ha enseñado a no ser
simple interpretadora de la realidad, sino a formar parte de ella, a
participar, incluso, a tratar de cambiar lo que no me gusta o lo que
creo justo deba cambiarse.

El pasado 20 de mayo quedó fundado el Observatorio Cubano de los
Derechos LGTB. Los promotores de este proyecto compartimos la visión de
una Cuba donde las personas LGBT no tengan que demostrar su humanidad ni
reclamar sus derechos, al ser reconocida y aplicada la universalidad de
los derechos humanos, en los órdenes jurídico e institucional y en las
prácticas sociales, en el marco de una cultura de respeto de la
diversidad como algo natural.

Intentaremos promover y proteger los derechos humanos y llevar a cabo
acciones, que por su impacto social, contribuyan al respeto de la
diversidad sexual.

Soy consciente de que se opone usted a que las personas LGBT de la isla
se organicen o asocien. Según sus propias palabras, ¨más que
organizarse, deberían intentar una estrategia de integración mayor a los
espacios sociales, porque 'organizarse', también podría conducir a un
episodio de auto segregación, de aislamiento, y no de mayor vinculación
social y naturalización de nuestra condición sexual al interior de la
sociedad¨.

Yo le pregunto entonces, Dra. Mariela, si existen organizaciones como la
FMC (Federación de mujeres cubanas), la CTC (Central de trabajadores de
Cuba), los CDR (Comités de defensa de la Revolución) y otras tantas que,
entre otras cosas, representan políticamente a sus miembros y, en el
caso específico de la FMC, desarrolla estrategias para enfrentar la
violencia de género y la discriminación, ¿por qué no pueden existir
entonces organizaciones o asociaciones que, como el Observatorio LGBT,
velen por el respeto de los derechos de las personas de ese grupo social
e intenten dialogar, no sólo con instituciones oficialistas como el
Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), sino también con toda la
sociedad civil, con miras a derribar los muros de homofobia e
intolerancia que persisten hoy en Cuba?

No dudo que el Centro que usted dirige, tenga iguales intenciones, pero
la realidad demuestra que esas intenciones no han sido suficientes. El
número de personas que involucra el CENESEX -me refiero tanto a los
actores como a los beneficiarios- es bien restringido.

No creo que organizarnos nos impida integrarnos. De hecho, muchísimas
son las personas LGBT que trabajan y están integradas a organizaciones
como los CDR, las MTT, la CTC, la FMC, incluso, al PCC.

En lo que sí coincido absolutamente con usted, es precisamente en que,
los y las homosexuales deberíamos participar más en los distintos
espacios de discusión social y políticos que existen en Cuba, a pesar de
los prejuicios, para dar a conocer nuestra verdad, nuestras legítimas
necesidades de igualdad y buscar el apoyo de la comunidad científica,
con el fin de aportar argumentos que sirvan para instituir los cambios
que sean necesarios en la sociedad.

Por ello, entre las líneas de acción del OBCUD LGBT, se encuentran:

 Propiciar la participación de miembros de la comunidad LGBT en
cursos, seminarios y otros procedimientos pedagógicos, con el fin de que
adquieran conocimientos sobre derechos humanos y diversidad sexual.

 Instruir, por diversos medios, para la adquisición del conocimiento
de la Ley nacional por parte de los miembros de nuestra comunidad.

 Desarrollar eventos de carácter cultural y recreativo, como medios de
fomentar la igualdad entre personas de diversas orientaciones sexuales
e identidades de género, promoviendo primeramente la creación de
espacios para el desarrollo de eventos de este tipo.

Y, créame, Dra. Castro, que soy consciente de que el impacto social de
nuestras organizaciones sería mucho mayor si laboramos coordinadamente y
dejamos los enfrentamientos estériles a un lado. Proyectos como el
nuestro pueden servir al CENESEX como complemento en la difícil lucha
contra la homofobia. De ustedes depende que así sea.

Muchas veces hemos dejado clara nuestra disposición de colaborar con
todo proyecto o institución que verdaderamente tenga como objetivo
lograr que las personas LGBT seamos vistas como lo que somos: Seres
humanos diversos y maravillosos, con mucho que aprender pero, también
con mucho que aportar a esta sociedad que nos discrimina.

Mariela Castro, también yo tengo la opción de estar muy "tranquilita" y
declarar, como Ud. lo ha hecho, que "puedo repetir lo que todo el mundo
quiere oír, sin tener contradicciones con nadie, recibiendo cariño y
siendo más aceptada, seguiré haciendo mi trabajo, que me obliga a veces,
a presentar realidades que no todo el mundo quiere enfrentar. Pero no
voy a dejar de hacer y decir lo que estoy convencida que debo hacer y
decir. Y, cuando no lo pueda hacer más, me iré a sembrar lechuguitas".

Ojalá esté dispuesta a dialogar con los promotores de un proyecto que,
aunque no goza de buena opinión entre la oficialidad de la isla, sí
trabaja en pos de que la sociedad cubana toda, aprenda a ver la
diversidad como una forma válida de participación. La unidad en la
diversidad es una necesidad nacional, no la desatendamos.

Esperando ansiosa su respuesta, a nombre de los gestores del
Observatorio cubano de los derechos LGBT, quedo de Ud.

Sinceramente,

Leannes Imbert Acosta

Dada a los 24 días del mes de agosto de 2011, desde La Habana, Cuba, que
se dice es la capital de todos los cubanos.

ileannes@yahoo.com

http://www.cubanet.org/articulos/carta-abierta-a-mariela-castro-espin/