miércoles, 10 de junio de 2015

Grupos independientes convocan a un paseo por el Orgullo Gay

Grupos independientes convocan a un paseo por el Orgullo Gay
La marcha se celebra, como cada año, el próximo domingo 28 en el Prado
habanero
14YMEDIO, La Habana | Junio 09, 2015

El próximo domingo 28 de junio el céntrico Prado habanero será otra vez
el escenario para el paseo de Orgullo Gay que cada año organiza la
comunidad LGTBI independiente. La convocatoria ha sido lanzada por
varios grupos independientes entre los que se encuentran los proyectos
Puertas Abiertas, Shui Tuix, la Fundación por los derechos LGBTI, Divina
Esperanza y Arcoíris Libre de Cuba, según puntualizó a 14ymedio Navid
Fernández Cabrera, uno de los coordinadores de la actividad.

Está previsto que los participantes se concentren a partir de las diez
de la mañana frente al Capitolio de La Habana y avancen por el Prado en
dirección al mar. Allí los esperarán unos titiriteros para presentar un
espectáculo con muppets. A lo largo de esta avenida peatonal se
procederá a la distribución gratuita de condones y plegables
informativos para propiciar un intercambio con las personas que
transiten por el concurrido lugar, ha explicado Fernández Cabrera.

Las integrantes del Frente Latinoamericano de Mujeres Rurales (Flamur)
apoyarán la actividad con mensajes relativos a la No violencia contra la
mujer. Al finalizar el desfile en Prado y Malecón se leerá una
declaración con la presencia de diferentes proyectos y el acompañamiento
de representantes de la comunidad LGBTI de Pinar del Río, Matanzas y
Santiago de Cuba.

El primero de estos eventos ocurrió en el año 2011 y desde entonces se
convoca con motivo del Día Internacional del Orgullo Gay o en un día de
fin de semana próximo a la fecha. El Centro Nacional de Educación Sexual
(Cenesex) dirigido por Mariela Castro ha elegido, por su parte, el 17 de
mayo para instaurar la Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia.

Source: Grupos independientes convocan a un paseo por el Orgullo Gay -
http://www.14ymedio.com/sociedad/Grupos-independientes-convocan-Orgullo-Gay_0_1794420547.html

Independent Groups to Hold Gay Pride Walk

Independent Groups to Hold Gay Pride Walk
14YMEDIO, Havana | Junio 09, 2015

This coming June 28 Havana's centrally located Prado will again be the
scene of the Gay Pride Walk organized each year by the independent LGTBI
community. The call has been launched by several independent groups,
among them the projects Puertas Abiertas (Open Doors), Shui Tuix, the
Foundation for LGBTI rights, Divina Esperanza (Divine Hope), and
Arcoíris Libre de Cuba (Free Rainbow of Cuba), according to information
provided to 14ymedio by Navid Fernandez Cabrera, one of the organizers

It is expected that the participants will gather starting at ten in the
morning in front of Havana's Capitol building, and advance along the
Prado toward the sea. There, waiting for them, will be some puppeteers
to present a show with "muppets." All along this pedestrian avenue there
will be a free distribution of condoms and informational handouts to
facilitate an exchange with the people passing through the busy place,
explained Fernandez Cabrera.

The members of the Latin American Rural Women's Front (Flamur) will
support the activity with messages concerning No Violence Against Women.
At the end of the parade where the Prado and the Malecón meet, a
statement will be read in the presence of various projects and
accompanying representatives of the LGBTI communities of Pinar del Rio,
Matanzas and Santiago de Cuba.

The first of these events occurred in 2011 and since then the walk has
been scheduled to mark International Gay Pride Day or on a weekend day
close to that date. The National Center for Sex Education (Cenesex)
headed by Mariela Castro has chosen, for its part, 17 May as the
established Cuban Day Against Homophobia and Transphobia.

Source: Independent Groups to Hold Gay Pride Walk -
http://www.14ymedio.com/englishedition/Independent-Groups-Hold-Pride-Walk_0_1795020490.html

martes, 9 de junio de 2015

Homofobia en Cuba, ¿quién tiene la culpa?

Homofobia en Cuba, ¿quién tiene la culpa?
"Soy homosexual. Pero eso solo lo saben mi familia y algunos amigos
cercanos como tú. En la escuela nadie puede enterarse"
martes, junio 9, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. – Más allá del comportamiento de los diferentes grupos
humanos, donde el tabú, los conceptos de moral, las normas de
comportamiento son elementos bien complejos a la hora de comprender las
dinámicas de aceptación y rechazo sociales, las estrategias que
emprenden los gobiernos para combatir los crímenes de odio en general
determinan la disminución o el aumento de fenómenos como el racismo o la
homofobia.

En Cuba, durante años la homosexualidad no solo fue criminalizada sino
vinculada con un posicionamiento político disidente. Tachada de
"contrarrevolución" y hasta de obstáculo en la construcción del
socialismo y del "hombre nuevo", en la isla la homofobia no suele ser
percibida como una expresión de violencia, mucho menos como un delito
grave, sino como parte de la "naturaleza del cubano".

Aún bien entrado el nuevo milenio, escuadrones de policías emprendían
redadas contra los homosexuales, mientras que en los centros de estudio,
en todos los niveles de educación, se permitía y practicaba el escarnio
público contra estudiantes y profesores cuyas preferencias sexuales no
coincidían con lo establecido y regulado por el gobierno. Incluso en los
expedientes escolares existía un apartado donde se analizaba el
"carácter débil o fuerte" de los niños en dependencia de sus
interacciones o identificaciones con la "masculinidad" o la "femineidad".

María del Pilar Oro, maestra jubilada que, durante varios años, fuera
directora que una escuela primaria en Arroyo Naranjo, explica cómo se
procedía con aquellos niños a los cuales se les observaban "desviaciones
en el comportamiento":

"A los maestros se les orientaba que debían combatir esas conductas. Los
niños en los que uno observaba cierta debilidad eran enviados al
psicólogo y se hacía un estudio de la familia. (…) El psicólogo era el
que determinaba si el niño tenía un problema de amaneramiento o de
desviación, en cualquiera de los casos se aumentaba la atención. (…) Si
era de rasgos muy femeninos, por ejemplo, se le prohibía jugar o
sentarse junto a las niñas, incluso se le cambiaba de maestro. Se le
daban tareas para formar el carácter, se le hablaba fuerte, se le ponía
a practicar deportes de combate, y sobre todo se hablaba con los padres
para que tuvieran mano dura en la casa. (…) No se les golpeaba pero sí
se era un poquito más duro con él cuando lloraba por algo, y se le
enseñaba a ser fuerte. (…) No había tantos homosexuales como ahora".

Aunque los "métodos educativos" descrito por la "pedagoga" parecieran
haber quedado en el pasado, los testimonios de un maestro de primaria,
con varios años de trabajo en el sector, corroboran que, aunque algo
flexibilizados, continúan siendo una práctica habitual, mientras que la
heterosexualidad se mantiene como un requisito para ocupar una plaza de
maestro al menos en los niveles de enseñanza primarios:

"Soy homosexual", dice este maestro, "pero eso solo lo saben mi familia
y algunos amigos cercanos como tú. En la escuela nadie puede enterarse,
por eso siempre he trabajado bien lejos de mi casa y en mi vida privada
trato de ser muy discreto (…). Me gusta enseñar, esa es mi vocación y
por eso no me he ido, pero ganas no me han faltado. (…) Comencé a
trabajar siendo un niño, y casi en medio de una verdadera guerra contra
los homosexuales, yo mismo tenía que llenar los expedientes y hablar
sobre el carácter de los niños. También estuve en reuniones donde
expulsaron a profesores solo porque alguien los denunciaba. Se les
hacían verdaderos actos de repudio (…). También veía la homosexualidad
como un defecto y me sentía muy mal conmigo mismo porque por más que
intentaba "curarme" no lo lograba. Claro, yo siempre, para los demás,
era un machito. (…) Cuando tenía que llamar a los padres porque un niño
era "amanerado", me sentía un hipócrita. Yo mismo tuve que fingir mi
orientación sexual para que no me sacaran de la escuela y hasta me casé
bajo esa presión. (…) Había que ser duro con los varones, no te decían
que los enseñaras a fajarse [pelearse] pero si un niño que era
calificado como "débil de carácter" era desafiado por otro niño, había
que dejar que se pelearan, porque se suponía que eso les fortalecía el
carácter. (…) La violencia era un método para prevenir la
homosexualidad, para erradicarla, un método curativo, y los maestros lo
enraizamos en generaciones y generaciones. (…) Tal vez en la secundaria
o en el pre [preuniversitario] ya no vigilan el carácter de los alumnos
y los profesores pero en las escuelas primarias aún es una parte
importante de la "educación". Mira qué irónico, yo tengo que observar si
los niños juegan con los niños o las niñas, los gestos de los varones,
los gustos, moldear al niño según su género. Con las hembras no sucede
igual, es con los varones, como si no existieran las lesbianas. (…) Toda
la ofensiva de los años 70 en las escuelas fue principalmente contra los
varones, en la cultura pasaba lo mismo. Recuerda que pertenecíamos al
mismo Ministerio, después fue que se creó el MINCULT, pero para entrar a
trabajar tenías que llenar una planilla donde una de las preguntas era
sobre tu orientación sexual. (…) Yo, como es obvio, no puedo ser un
cazador de brujas, particularmente yo me desentiendo de esas
aberraciones, pero eso sigue contemplado en mi trabajo como maestro.
Nadie ha derogado las orientaciones del "quinquenio gris" ni existe un
programa educativo para deshacer todo el mal que se hizo, por el
contrario, todavía hoy no está permitido que uno le hable a los niños
sobre la diversidad sexual, ni siquiera cuando preguntan. Pudieran
botarme de Educación".

Alain Guzmán tiene 44 años. Trabaja desde los 15 y, según confiesa, "ha
hecho de todo para sobrevivir". Actualmente trabaja como barbero, y
adora la profesión, pero le hubiera gustado más ser abogado. No estudió
la carrera de sus sueños no porque le faltara capacidad sino porque tuvo
que abandonar los estudios:

"Si mis padres hubieran entendido, tal vez yo hubiera aguantado pero
desde la primaria yo tuve que soportar los ataques. (…) Mi papá me llevó
al médico y eso lo empeoró todo. El psicólogo le dijo que tenía que
botarme todos los juguetes y que me comprara un bate y una pelota y me
mandara a jugar a la calle, que me pusiera en boxeo o en karate. Si
íbamos al parque era a tirar piedras pero nada de montar el columpio ni
esas cosas (…). En la escuela era lo mismo. Yo tuve un maestro en 6to.
grado, se llamaba Ernesto Manzano. Era insoportable, homofóbico, me
llenó el expediente de cosas ofensivas y se burlaba de mí delante de
todos. (…) Un día llevé una pelota que tenía unos dibujos rosados, de lo
más bonita, y me la reventó con un pincho porque eso era de maricones,
me dijo. (…) Este tipo me llevaba a su casa los fines de semana para que
yo viera cómo él vivía con su familia, con su esposa. Mis padres se
habían divorciado y mi papá no quería saber nada de mí. Mi mamá pensaba
que el maestro era la figura fuerte que yo necesitaba para "curarme".
(…) A mí no me gustaba quitarme la camisa, vaya, no me gustaba andar
desnudo, por cosas mías, y el tipo [el maestro] me obligaba a salir a
jugar sin camisa porque "eso era de hombres". A veces me ponía a pelear
con otros niños para que yo aprendiera y él mismo me enseñaba a golpear,
eso fue lo único bueno que me enseñó porque así podía defenderme pero yo
soy pacífico, no me gusta fajarme y ya en la secundaria fue más fuerte,
todos los días estaba enredado a golpes y, lo peor, es que le decían a
mi madre que yo tenía la culpa porque yo tenía que cambiar, que parecía
"pajarito", así mismo le dijo la directora a mi mamá. Lo peor es que mi
mamá le hizo caso y entonces me vigilaba, que si cruzaba las piernas
para sentarme, que si gesticulaba mucho, que si tenía la voz finita, era
una verdadera tortura. En el pre se fue complicando la cosa, hasta que
dije "se acabó". (…) En botella vine para La Habana, tenía 15 añitos,
era un bebé (…). Volví a ver a mi mamá hace como cinco años, a mi papá
no lo he visto nunca más",

Los informes sobre discriminaciones, desamparo legal y crímenes de odio
no ocupan espacios en los medios de prensa oficiales, a pesar de que los
actos de violencia extrema tienden a incrementarse. A diario se tienen
noticias de sucesos escalofriantes que apenas levantan tímidos reclamos
por parte de las instituciones autorizadas por el gobierno y que solo
sirven para dar la sensación de que se ventilan esos asuntos que les son
tan molestos. Sin embargo, para discutir públicamente sobre la homofobia
es preciso que, antes de analizar las causas de la poca efectividad de
las campañas por la diversidad sexual (plagadas de ridículas concesiones
a los homófobos), el gobierno cubano reconozca cuánta responsabilidad
tuvo y tiene en la estimulación de las conductas de odio y en el
incremento de los crímenes contra los homosexuales.

En estos tiempos, cuando en otras naciones y por otros problemas tanto
se escucha de la necesidad de las "comisiones de la verdad" como vías
para evitar que los gobiernos vuelvan a cometer los mismos errores,
resulta imprescindibles una disculpa pública y un debate abierto, sin
censura, sin compromisos políticos, sin fingimientos, y moderado no
desde instituciones oficiales como el CENESEX, al que, manipuladoramente
y desde una postura en esencia homofóbica, han deseado convertir en la
cabeza del movimiento LGBT cubano.

Decir las cosas por su nombre, sin temor a sonrojos, sería el comienzo
de una verdadera cruzada contra esa indiferencia que padecen las
autoridades cubanas cuando se habla de derechos y de igualdades, cuando
se pierden y se frustran vidas solo por el "delito" de ser diferentes a
lo que algunos pretenden erigir como paradigmas.

Source: Homofobia en Cuba, ¿quién tiene la culpa? | Cubanet -
http://www.cubanet.org/destacados/homofobia-en-cuba-quien-tiene-la-culpa/

lunes, 8 de junio de 2015

Cuba hoy - la Revolución menos pensada

Cuba hoy: la Revolución menos pensada
Tema del Domingo.La isla vive un proceso de cambio que va más allá del
deshielo en la relación con EE.UU. La política oficial hacia la
comunidad homosexual, por décadas perseguida, es un ejemplo. Mariela
Castro Espín, hija del actual presidente, impulsa el cambio desde un
organismo estatal.

María Caridad Jorge hace poco más de un año escribió en su
autobiografía: "Soy lesbiana y religiosa y también quiero ser
militante". Lo hizo para ingresar al Partido Comunista de Cuba, "algo
impensable hasta hace poco tiempo", dice cruzada de brazos en el bar del
Menjunje, el centro cultural de Santa Clara, la ciudad en el corazón
geográfico de la isla.

"Siempre fui revolucionaria, vengo de una familia revolucionaria. Mi
mamá hizo 'clandestinaje' contra Fulgencio Batista. Estuvo con el Che
Guevara, pero ella nunca alardeó porque no hay que buscar méritos en las
cosas. Y yo siempre quise ser parte del Partido, pero sabía que no
podía: primero porque era lesbiana, y nunca lo iba a dejar de ser por
nada de este mundo. Y segundo, era religiosa y tampoco iba a dejar de
serlo". El 23 de agosto de 2013 le entregaron el carnet como militante.

María Caridad tiene 51 años, lleva un tatuaje que une en un rostro al
Che con Jesús y una cadena cobriza debajo de la musculosa gris. Colgadas
se ven una herradura, un machete, un hacha. Las "herramientas" de Ogún
-su santo yoruba, el hombre de hierro para esta religión afrocubana- le
sirven para frenar su soberbia y la energía fuerte que lleva adentro. La
fuerza es solo para la guerra -explica-. "A veces con la inteligencia se
gana más". María Caridad es también una de las protagonista de los
cambios que el gobierno -y el Partido Comunista de Cuba- viene
implementando desde 2012 cuando se planteó un proceso de "cambio del
modelo económico y social", siempre de partido único, y con una gradual
reforma económica sin capitalismo, lo definieron.

Ramón Silverio preparaba una pasta con hierbas medicinales que repartía
a la madrugada cuando las fiestas marginales en Santa Clara de mitad de
la década del 80 llegaban a su fin. Ese "mejunje" le dio el nombre al
que se transformó en uno de los centros de resistencia cultural para el
rock y la comunidad gay en la ciudad que pasó a la historia de la
revolución porque fue tomada por el Che Guevara.

Protagonista y testigo de los últimos años, Silverio cree que "en los
últimos años se han logrado cosas que fueron impensables. Es un momento
de dar pasos firmes y adelantados y estamos en eso. Porque el país va
hacia eso. Es que tampoco el mundo es una maravilla en estos temas, las
cosas se han logrado luchando. A nadie se le ha regalado nada".

Silverio tiene 60 años, es miembro del Partido Comunista y un referente
histórico del movimiento social y político que pretende conseguir la
equiparación de derechos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales en
intersexuales (LGTBI). Delgado, de camisa cuadrillé, pantalones
carpinteros, sandalias de cuero, no le saca el cuerpo cuando tiene que
hablar de la actualidad cubana. "Es el único país que pudo resistir el
bloqueo y ha quedado en la conciencia. Los 90 fueron muy duros. Eso nos
preparó para vivir y convivir con el mundo", explica mientras se define
como "muy esperanzado. Desde afuera se están haciendo muchas más
preguntas que nosotros, que nos las hacemos también. Pero quienes hemos
mantenido esta Revolución tenemos en claro que vamos a vivir otra época,
un gran reto histórico".

En medio de las preguntas, ansiedades y pronósticos sobre qué sucederá
en el país a partir del inicio de las conversaciones con Estados Unidos
en diciembre pasado; con el número de visitas estadounidenses aumentando
36 por ciento en el último mes comparado con el mismo período del año
pasado después de que se flexibilizaran los permisos de viaje; con la
Bienal de Arte llenando el Malecón y los rincones de la Habana Vieja de
esculturas y performance a toda hora; con la continuación del embargo
por parte de Washington; con la escasez de alimentos que obliga a los
cubanos a una búsqueda permanente por bodegas y negocios; con el doble
sistema monetario que los separa entre quienes tienen acceso al CUC -la
moneda convertible a divisas extranjeras- y los que sólo tienen pesos
cubanos, Cuba lleva adelante procesos de debates, cambios y resistencias
más silenciosos como son las políticas hacia la comunidad de gays,
lesbianas, transexuales y travestis.

Después de que las primeras cuatro décadas de la revolución se
caracterizaron por la persecución, con campos de trabajo para los
homosexuales, el gobierno cubano ha cambiado su política. Costeó, desde
2007 -y a partir de que el Ministerio de Salud Pública aprobara la
Resolución 126- más de veinte cirugías de adecuación genital, comúnmente
llamadas de reasignación de sexo. Diez años antes había suprimido del
código penal la referencia a la homosexualidad vinculado al escándalo y
ultraje sexual, que servía a la Policía para detener a las personas por
sus preferencias sexuales.

Fue el año pasado, el 17 de junio, que la Asamblea Nacional aprobó el
nuevo Código de Trabajo que incluye medidas antidiscriminatorias por
orientación sexual y discapacidades. La aprobación del texto final
sepultó lo que se había acordado en la comisión encargada de la
redacción sobre la inclusión por identidad de género y por vivir con
VIH. Mariela Castro Espín, hija del actual presidente Raúl Castro, como
diputada fue la que con su voto negativo denunció el cambio.
"¡Socialismo, sí! ¡Homofobia, no! ¡Viva la Revolución Cubana!". Castro
Espín termina con el puño en alto su discurso en la plaza principal de
Las Tunas, en el oriente de la isla. Es el final del desfile -o la
conga, como la llaman- contra la discriminación por identidad de género
y preferencia sexual. Una marcha en la que cientos de personas bailaron
al ritmo de tambores tras una gran bandera cubana y otra multicolor,
símbolo de la diversidad y la comunidad gay.

La plaza es de cemento y con poco verde, un escenario caluroso para el
acto de cierre de la VIII Jornada Cubana Contra la Homofobia y la
Transfobia -organizada por el estatal Centro Nacional de Educación para
la Salud (Cenesex), que dirige Castro- y en la que por primera vez
participó la central de trabajadores cubana. En un puesto de la feria
que se armó hablan de la prevención del VIH. En otro, se puede hacer el
test de detección rápida. Un grupo de chicos bailan con trajes amarillos
brillantes. "Tengo más suegras que millas transitadas", dice la canción.

Días antes en La Habana, en la apertura, estuvieron miembros del Comité
Central del Partido y también una delegación de estadounidenses. Muestra
de los tiempos que corren. Veinte parejas intercambiaron anillos
imaginando un posible matrimonio entre personas de mismo sexo. De la
ceremonia participó el arzobispo de la Iglesia Católica Eucarística,
Roger LaRade, que en Canadá ganó fama por promover estas uniones en el
campo religioso y también la pastora Cary Jackson, quien llegó desde
Nueva York. Para que en Cuba haya unión civil se necesita una ley de la
Asamblea, el órgano legislativo unicameral. Para que haya matrimonio
igualitario, modificar la Constitución. Hay que "lograr que la sociedad
cubana en su totalidad se sensibilice con estos temas, se eduque,
comprenda. Yo estoy loca por presentar la propuesta ante la Asamblea",
dirá después en una charla Mariela Castro.

Deinna y Gendris no sueñan con casarse mientras viajan por La Habana en
el asiento trasero de un Ford Tucson Line del año 52 color morado,
popularmente llamados "almendrones". Tienen 20 y 19 y son de Manzanillo,
pero llegaron a la capital cubana para escapar de la homofobia de su
pueblo. "Mi padre no me soporta. Desde que me visto como mujer cuando me
ve aparecer, ve al diablo", dice la chica de pestañas interminables.
Viven con un grupo del mismo pueblo en una casa pequeña en el barrio de
Centro Habana, que en los años 90 se transformó en un lugar seguro para
las travestis. En el living aún perdura un arbolito de Navidad con moños
rojos junto a un minúsculo televisor "National Star". En las paredes hay
un cuadro de la Última Cena y siete platos con flores colgados. Un olor
a café dulzón preparado como lo toman ellas en el campo, inunda el
espacio de cuatro por cuatro.

Afuera, La Habana es una ciudad caótica, derruida, con problemas de agua
en las zonas más habitadas, con eternas partidas de dominó en la calle
de los barrios menos turísticos, con vendedores ambulantes que ofrecen
mangos o maní de forma ilegal, bicitaxis que intentan suplir la falta de
transporte público y cientos de turistas que llegan "a ver el país antes
del cambio", como dijo sin ninguna clase de dudas ni tampoco demasiadas
certezas sobre a qué se refería Anne, una norteamericana de más de 60 años.

La calle es también de noche un territorio hostil para Deinna y Gendris.
"Anoche nos tiraron agua caliente cuando volvíamos del Parque Central",
cuentan. A Shanet fue una bolsa de basura de un tercer piso. Es alta y
flaquísima, lleva un vestido largo de colores, las cejas tatuadas y
terminó de cursar el cuarto año de medicina. "Pero me han sacado, han
hecho lo imposible para que deje la universidad. Sé que es por mi figura
de mujer, me discriminan por no ir como muchacho. Por eso vine de
Manzanillo a La Habana a buscar una carta del Cenesex para que me
respalden y pueda seguir mis estudios".

Angeline fue la primera manzanillera en llegar a La Habana. Puede ir
vestida como la mujer que se siente al laboratorio clínico donde
trabaja. También logró que en el membrete diga "Angeline" y no el nombre
con el que nació. Ella es una de las pioneras en temas de igualdad. Hace
más de cinco años logró que la universidad la acepte para estudiar como
técnica de laboratorio. Su lucha actual es para lograr el cambio de
nombre en su documento de identidad. A partir del año 2013, en Cuba se
puede cambiar la foto y el nombre para que se adecue con el aspecto
físico. Angeline espera algo más: la cirugía de reasignación de sexo.

Mientras tanto durante la noche se prostituye en la Habana Vieja, donde
es más fácil encontrar turistas. "No tenemos mucha salida, el dinero no
alcanza, son muchas las chicas que lo hacemos. No lo oculto. Antes un
extranjero podía pagar 50 CUC, unos 50 euros, pero ahora se han dando
cuenta de nuestra miseria y pagan 5 euros. Pero como hay hambre, hay que
aceptar".

Angeline forma también parte del grupo TransCuba, que surgió hace 14
años para luchar por los derechos de la comunidad trans. Como parte de
su tarea hace prevención del VIH entre sus pares.

"Nuestro principal objetivo es trabajar en la autoestima", dice Malú
Cano, que lidera el grupo que reúne a 3.002 personas trans de toda la
isla. "Te sacan de tu hogar, no te dan educación y se sobrevive con el
sexo transaccional. Además de la prevención de las relaciones violentas
en la calle, en la casa, hay que prevenir en la salud. La mitad de las
personas trans viven con VIH. Y creo que nuestro activismo ha frenado la
mayor expansión", explica.

Sissy aprendió a vivir con VIH entre muchas otras cosas. Tiene 50 años y
a los 15 fue presa, por primera vez, por andar maquillada en la calle.
"La Policía andaba con un papel en el bolsillo y te lo pasaban por la
cara", recuerda. Estuvo seis meses en el Combinado del Este, en el piso
conocido como la Patera, donde estaban encarcelados los homosexuales.

"Lo que pasaba es que una vez ahí, ya no te importaba nada. Nos
transformamos en mujer. Hacíamos maquillajes con lo que teníamos. Nos
pintábamos las pestañas con la grasa mecánica de la puerta, que era
eléctrica. Las sombras las hacíamos con desodorante de pasta y cenizas
de cigarros. Se hacía una sombra gris-azul, preciosa. La boca, con rojo
escarlata y con los lápices de carpintería nos delineábamos los ojos.
Porque te voy a decir una frase que quiero que recuerdes: donde nace un
maricón, mueren las dificultades", sentencia en medio de una carcajada
en su casa del barrio de Regla, al otro lado de la bahiana habanera.

Sissi aún adora a Lola Flores. La admiración por la Faraona fue su
salvación. Comenzó a imitarla en un espectáculo de transformismo cuando
Cuba se sumergía en una crisis hasta el hambre a mediado de los 90,
después de la desaparición de la Unión Soviética. Hacía el espectáculo
en casas particulares y muchas veces el show terminaba en una estampida
con la llegada de la policía. La noche de Las Vegas en el elegante
barrio de El Vedado ya nada tiene de clandestino. El cabaret surgió hace
seis años como un espacio de resistencia cultural administrado por el
Estado cubano. Su principal show "Bravissimo" tiene como números
principales la actuación de transformistas ya míticos en la noche
cubana. Entre cada presentación hay un spot de prevención del VIH. Las
mesas están llenas de turistas. Un grupo de chinos se bambolea como
bambúes, también hay canadienses, estadounidenses, algún español y
brasileños. Estrellita en el escenario es una especie de Verónica Castro
caribeña, abajo es uno de los actores más renombrados de la escena
cubana. Esta noche va vestida de verde agua y lamé plateado. Canta en
inglés y el público la ovaciona. "Desde Miami se infla el pasado y esto
ya ha cambiado", dice Manuel en una mesa cercana al escenario.
Estrellita muta de Verónica Castro a Lisa Minelli. Canta que quiere
despertar en una ciudad que nunca duerme. "New York, New York", dice en
La Habana, Cuba, 2015, a 57 años de la Revolución.

(*) en colaboración con Marta María Ramírez

Cronología del proceso de cambio

Cuba vive un proceso gradual de cambios sobre todo a partir del
reemplazo de Fidel Castro por su hermano Raúl, en 2008. En marzo de ese
año se autoriza la venta de computadoras, celulares y otros
electrodomésticos. Se permite a los cubanos alojarse en hoteles y que
alquilen autos destinados a extranjeros. Además anuncian cambios en el
sistema agrícola.

En abril de 2010 se entregan pequeños salones de belleza a empleados, se
introduce el pago de impuestos. Es el primer experimento de este tipo
desde la nacionalización de los pequeños negocios en 1968.

En enero de 2011 comenzó la reducción de puestos de trabajo estatales y
se habla del trabajo por cuenta propia. El VI Congreso del Partido
Comunista de Cuba aprobó un plan de reformas económicas y sociales. Ese
año se legaliza la compra-venta de autos y de viviendas entre particulares.



El 17 de diciembre de 2014 se anuncian conversaciones con EE.UU. para
normalizar su relación. Se está negociando la apertura de embajadas y el
fin del bloqueo, entre otros temas.

Source: Cuba hoy: la Revolución menos pensada -
http://www.clarin.com/opinion/Cuba-LGTBI-derechos_de_la_comunidad_gay-apertura-reformas_0_1371462917.html

Negro y maricón

Negro y maricón
M. NÁPOLES / Y. RODRÍGUEZ | La Habana | 8 Jun 2015 - 6:58 am.

Tres generaciones de homosexuales negros recorren sus vivencias de 70
años de la sociedad cubana.

Origen de un mito

La esclavitud de los africanos en América creó mitificaciones sobre este
color de piel que trataban de justificar el derecho de una raza a
subyugar a la otra. Uno de los mitos más difundidos hoy en día, y que
entre la población cubana es aceptado como verídico, es la potencia
sexual del negro. Mostrada por los esclavistas como prueba de su
primitivismo y básicos instintos, obviando las condiciones degradadoras
que el sistema de plantación propició, al confinar en un barracón, por
años, a cientos de hombres sin posibilidades de consumar su derecho al
sexo de forma natural.

Ser un hombre negro en Cuba significa en la memoria popular,
primordialmente, ser un macho, por demás sexualmente dotado de un gran
pene, a lo cual se le adjunta una innata lascivia e insaciabilidad. Se
da por sentado su superioridad en este campo con respecto al blanco. No
se aceptan dualidades, la bisexualidad es refrendada como mariconería
escondida. El mito ha sido tan fructífero que es explotado grandemente
por el turismo sexual.

Por ello, ser negro y "maricón" significa la discriminación absoluta de
blancos y negros. Mientras que un homosexual blanco es visto, e incluso
es ya aceptado, al negro se le desprecia doblemente. Los chistes y
agresiones a su costa son percibidos como naturales, e incluso para
muchos negros, estos gays representan la degradación de su raza.

Incidir en los prejuicios se hace más difícil cuando son ignorados por
los medios y no se educa a las personas en el reconocimiento de las
diferencias. Los esfuerzos del CENESEX, liderados por Mariela Castro,
son cosméticos y van dirigidos a mostrar una Cuba plural, cuando en
realidad la gubernatura mantiene principios mojigatos con respecto a la
sexualidad.

Este artículo cuenta la experiencia de tres generaciones de homosexuales
negros. Sus vivencias recorren 70 años de la sociedad cubana, y refleja
cómo la memoria social y los prejuicios permanecen en una sociedad
machista y homofóbica.

A las dos bandas

Se sienta entre su ahijado y yo, las manos de dedos y uñas muy largos
frotan las rodillas, mientras me sonríe. "Dispara", parecen decirme sus
ojitos entrecerrados en los que conserva restos de zalamería de su
juventud. Está próximo a cumplir los 90 años. Aún me cuesta creer que
accediera a conversar conmigo; debo agradecerlo a su ahijado, que ahora
me mira por encima de su cabeza y ha dedicado par de días a convencerlo
de que no usaré su foto ni su nombre.

Siento el impulso de poner una mano sobre la suya y decirle que lo
entiendo: no puede ser fácil hablar del rechazo, las presiones a las que
debió ceder, los deseos reprimidos. Pero me equivoco. Este hombre está
convencido de no ser ninguna víctima. "Gocé bastante, desde los 15 años
hasta ahora". Pero sobre todo se enorgullece de que lo mismo podía estar
con un hombre que con una mujer, y tiene hijos y nietos para demostrarlo.

"Desde niño me gustaban lo mismo los hombres que las mujeres. Tengo
momentos en que me siento hombre y momentos en que me siento mujer.
Estoy en los dos sexos. Lo mismo era feliz con el hombre que con la mujer."

Asegura que sus padres nunca lo recriminaron. "Decían que cada cuál
nacía con su problema". Su ahijado, que conoce detalles de esta
historia, le recuerda que su padre era ñáñigo (abakuá). "Él sí tenía
problemas con eso, ¿no?" "Bueno, sí, pero la que contaba era mi mamá. Él
me criticaba y no me criticaba, porque de todas maneras estaba al lado
de él, lo que no le gustaba era que fuera amanerado, que me sacara las
cejas y eso." Cuando le pregunto si le hubiese gustado hacerlo me dice
que sí, quizás en su juventud. "Pero ahora ya no quiero ni que me hablen
de eso; ya yo gocé bastante, desde los 15 años hasta ahora".

No se casó por presiones familiares, sino "porque me nació. Me gustaban
las dos bandas. El hombre es muy rico, pero la mujer es muy rica
también". No cree que su mujer lo supiera "y si lo sabía, le convenía
estar conmigo porque yo tenía cuatro pesos". Con sus hijos siempre fue
muy reservado. "Se lo podían imaginar, porque la vida es del carajo, y
con el elemento que yo andaba…".

Menos de un mes atrás, en la actividad por el Día Internacional de la
Lucha contra el Racismo realizada en la sede cubana de la UNESCO, una
señora negra del público afirmó que le dolía ver a un negro homosexual.
Es común que muchas personas piensen así, y hasta expresen que "lo
último es un negro maricón". Le hago este comentario a mi entrevistado y
le pregunto qué piensa al respecto. ¿Por qué las personas suelen
criticar más a un homosexual negro que a un homosexual blanco?

"No veo por qué. Lo mismo puede ser homosexual un negro que un blanco.
Es verdad que hay negros que quieren destacarse demasiado, más que las
mujeres, pero algunos blancos también. Yo soy homosexual y nadie me lo
puede decir porque tengo mis hijos y me gustan las mujeres, tengo mi
momento para ellas también, y tengo momento en que me gusta un blanco y
me lo echo. No me gustan los negros para mi vida."

Su ahijado le recuerda al amor de su vida: Ramón.

"Sí, pero es de tu color", y me señala. Para él una persona de mi color
(negra, pero no muy oscura, lo que la pigmentocrasia cubana describe
como "negra colorada o color cartucho") no es negra. "Negro soy yo, al
lado mío tú eres blanca."

Me cuenta que Ramón, quien vive afuera en estos momentos, fue su pareja
durante mucho tiempo. También era casado y con hijos. Se conocieron en
las parrandas, en Atarés. En aquella época, antes de 1959, los lugares
para conocer hombres y tener relaciones eran Prado, El Malecón, algunos
bares.

Le pregunto sobre la vida de los homosexuales en aquel entonces.

"Para mí, igual. Si había uno que me gustaba nos poníamos de acuerdo y
compartíamos. Si se enamoraba de mí, era mi esposo y éramos felices."
Siente que hay más discriminación ahora que entonces. "La gente decía:
'mira que lástima, tan joven y homosexual'. Ahora es cuando dicen: 'mira
a ese negro maricón'. Lo que no se puede ser es descarado, querer ser
más mujer que las mujeres."

Y como si se me hubiese olvidado, repite que es afeminado, pero le
gustan las mujeres. Sobre todo, recalca una vez más que tiene tres
hijos. "¿Qué puede hacerle a una mujer otro hombre, que no le pueda
hacer yo?" Entonces viene lo más sorprendente: "Tan descarado es el
hombre como el homosexual, porque lo normal es la mujer para el hombre y
el hombre para la mujer. Lo que hacemos nosotros es cosa del Diablo".

Le pregunto si se siente un pecador y me responde: "Yo soy un gozador.
Es muy rico ser homosexual. Yo he probado los dos sexos y lo mejor que
hay es lo de la mujer".

Miro a su ahijado por encima de su cabeza y él me confirma, en inglés,
lo que yo sospechaba: "Te dice eso porque eres una mujer; siente que
debe hacerlo". Pero quizás, es eso lo que prefiere pensar su ahijado;
sin embargo, mi entrevistado se contradice una vez más: "En mi juventud
me sentía mejor con los hombres que con las mujeres". Dice esto con la
correspondiente coletilla de los hijos y todas las mujeres que tuvo.

Tiene hecho Yemayá y dentro de la religión nunca encontró discriminación
por ser homosexual. "La que me lo hizo era una bandida, que hacía de
todo, pero no la quiero mejor. Decía que la religión no tenía que ver
con el defecto de la persona."

Mi entrevistado nunca tuvo grandes problemas por ser homosexual; casi
nadie lo supo. "Tuve mujer, tengo hijos, nietos". Ahora está quitado de
"eso". Está viejo. "Antes había una cara. La gente decía: 'mira que
negra más linda'; se ponían para mí y yo también me ponía; tenía mis
noviecitos, mis mariditos." Pero nunca vivió con un hombre, estos eran
solo "para el momento del deseo". Asegura que no le habría gustado vivir
con un hombre porque "es muy feo; podemos compartir como hermanos, como
amigos; pero decir que es mi marido, no". La palabra pareja también le
parece fea. "Mi pareja es una mujer. Es como la invertida, puede serlo
pero tener su marido."

Sin embargo, cuando le digo que cada vez existen menos prejuicios en la
sociedad, que las parejas homosexuales empiezan a verse como algo normal
y que en algunos países, como Holanda, existe el matrimonio gay, dice
que en esta época se habría casado con un hombre. Su ahijado logra
hacerlo reconocer que en aquella época no vivió nunca con un hombre por
miedo a que los hijos le perdieran el respeto. "Pero yo tenía mi amigo,
mi esposo. La mujer era yo."

Cuenta que se "fleteaba" mucho en Los Paragüitas y en Vigía, por donde
están los trenes en Atarés. Había preocupación por el qué dirán, pero
afirma que a nadie lo metían preso antes de 1959 por ser homosexual.

El ahijado pregunta si es cierto que muchos gays, en aquella época,
trabajaban en los bayuses (prostíbulos). Responde que sí; los gays
limpiaban y eran los que atraían hombres para que estuvieran con las
prostitutas; él también hizo ese trabajo. Su esposa no lo sabía; la
hacía creer que vendía cosas en una carretilla. "Yo trabajaba y me
ocupaba. Tenía mis clientes de los dos sexos." Su ahijado le dice que es
"la candela" y él sonríe orgulloso: "Soy completo".

Vuelve a recordar la época en que era joven y hermoso, y los hombres le
decían que era una negra muy linda. Se me ocurre que quizás le habría
gustado maquillarse, vestirse de mujer, pero niega rotundamente. "Para
ser homosexual no hace falta nada de eso. Ni la invertida tiene que
vestirse de macho."

Su ahijado le recuerda que han ido a shows de travestis en el cabaret
Las Vegas y a él le ha gustado, incluso ha celebrado a algunas. Pero
solo lo ve bien en otros, para él no le gusta. "Me gusta la sodomia en
el momento necesario." Sin embargo, tenía un "amigo" que cuando iban a
"compartir" le exigía vestirse de mujer, y a él le gustaba. "Me ponía mi
vestido, mi blúmer, el ajustador con relleno." Pero aclara que eso solo
le gustaba en privado, y aclara una vez más, que tiene hijos, que es
"completo", que ha tenido mujeres, maridos, de todo, y lo mejor es… "el
bollo, todo lo demás es artificial".

Le pregunto si preferiría compartir sus últimos años con una mujer o con
un hombre; antes de que diga nada, le recuerdo que sus hijos no están
aquí, no tiene que dar cuentas a nadie. ¿Qué preferiría? Responde que
una mujer. Supongo que debo conformarme con esa respuesta, pero su
ahijado se lanza más a fondo: "¿Y si pudiera elegir entre una mujer y
Ramón, padrino?" No esperaba esa pregunta, y la probabilidad de que algo
así ocurra es remota, pero responde como si por un instante lo creyera
posible: "Ramón".

Ha mencionado tantas veces a sus hijos y nietos, pruebas vivientes de su
hombría y capacidad de estar con mujeres, que me despierta curiosidad
sobre ellos, su relación con él. No tiene más remedio que confesarme que
apenas sabe de ellos. Yo había pensado que vivían fuera del país, pero
no es así, simplemente no se ocupan de él. "Mi hijo es este", dice y
pone una mano sobre la de su ahijado que es quien vive con él y lo cuida.

Solo ahora siento que la verdad de este hombre sube a la superficie: "Me
casé para darles gusto a mis padres, tuve mis hijos, ¿y para qué? No
vale la pena; al final, te quedas solo".

Reprimidos

El sábado 9 de mayo, durante la VIII Jornada Cubana contra la Homofobia,
me reencontré con un excolega de mi época como profesora de inglés. Lo
separa de mí una ligera capa de melanina y, al afirmar con orgullo que
es gay (siempre lo sospechamos, pero valía la pena preguntar), parecía
perfecto para contarme su experiencia de ser negro y "maricón", en
nuestro país.

Mi excolega estaba más que dispuesto a contar su experiencia, que a
grandes rasgos incluía años dentro del closet de una familia machista
(mujeres incluidas). Existía solo un problema: "Yo no soy negro".
Blanco, sabe que no es; pero negro, menos aún. Cuando le pregunto si
puede presentarme a algún amigo negro homosexual, entre los 40 y 50
años, me señala a uno más oscuro que nosotros dos. A este no le incomoda
la descripción de "negro", y está dispuesto a compartir conmigo y los
lectores su experiencia, sin dar su nombre. Le llamaré Luis, porque es
un admirador de Luis Carbonell.

Tiene 44 años. Aunque no estudió una carrera universitaria, se graduó de
un técnico medio y ha pasado distintos cursos. Ocupa un puesto de
responsabilidad en un juzgado y le gusta el teatro, la lectura, "el buen
cine, la buena música cubana".

"Descubrí que me gustaban los hombres en la adolescencia. Me di cuenta
de que no era algo bien visto, pero siempre me he dado a respetar.
Cuando era niño, un tío dijo que me veía pájaro, y mi mamá dejó de
hablarle. Con el tiempo a ella le decepcionó que yo fuese así, tuvimos
varias discusiones aunque nunca caímos en faltas de respeto."

De la reacción de su padre habla poco; sus padres se divorciaron cuando
era niño. Vagamente recuerda a su padre diciendo a su madre: "si este
sale pájaro que se olvide de mí". Pero es un recuerdo lejano que no le
afectó gran cosa. Quizás, porque hace solo 15 años que conoce la
dirección de su padre. "Bueno, no la dirección, porque aún no sé dónde
vive, sino el teléfono". De su sexualidad no habla con él. Ahora tienen
un poco más de roce. "Lo veo dos o tres veces al año, es marino
mercante." Fueron muchos años de distanciamiento. Luis supone que quizás
influyó su homosexualidad que resulta evidente, aunque es más bien
sobrio y discreto.

No se ha sentido discriminado en las escuelas donde estudió ni en
centros de trabajo. "Siempre me he dado a respetar. Un amigo negro y
homosexual, como yo, me dijo una vez que nosotros debíamos darnos a
respetar más que nadie, porque teníamos dos grandes problemas: ser
negros y homosexuales, así es que la gente nos discriminaba más."

Sabe que no es patrón de la discriminación, pero la ha visto contra
amigos más "amanerados", algunos fueron presos por homosexualidad. "Uno
ellos que ahora tiene más de 50 años, saludó a otro en Coppelia, y un
policía le cayó atrás hasta que lo detuvo, por ser homosexual."

Aunque no se considera patrón, cuenta que una vez la policía lo detuvo
cuando regresaba del Teatro Nacional con su pareja y un amigo. "Nos
detuvimos en un tramo de calle oscura, porque mi pareja y yo cumplíamos
aniversario, queríamos darnos un beso e intercambiar regalos. Nos
pararon y querían llevarse a mi pareja, creo que porque era un poco más
amanerado que yo. Tuvimos que darle dinero a los policías para que nos
dejaran tranquilos."

A su pareja lo describe como alguien de mi color, aunque usa la palabra
mulato.

"También he sentido la discriminación cuando he estado en el Malecón, y
los policías han llegado y han dicho: 'Los pájaros para allá'. Ellos
tenían a los gays de la calle 23 para allá y a los hetero de 23 para
acá, y no te dejaban pasar para el otro lado."

También se ha sentido discriminado por hombres (de cualquier color) que
se han acostado con él y por el día no lo saludan, porque llevan vida de
"machos, hombres, heterosexuales entre comillas".

"En el negro hay mucho miedo a la familia, al qué dirán, porque el negro
siempre se ha asociado con la fuerza, la virilidad. Homosexuales ha
habido siempre, pero no se asociaba a los negros."

Me cuenta que conoce a una mujer negra, muy preparada además,
universitaria, cuyo hijo está preso por robo, pero a ella lo que le
preocupa es que lo pongan con homosexuales. La señora tampoco está de
acuerdo con que Mariela (Castro) quiera legalizar las uniones entre
homosexuales.

Mientras al fondo se oye la voz de la Dra. Mariela Castro Espín y el
coro que la sigue con la consigna "Unidad en la diversidad" (sexual, no
política, por supuesto), Luis opina que la sociedad se ha abierto entre
comillas. "Nosotros tenemos que darnos a respetar un poco más. No
importa si quieres vestirte de mujer, aunque no lo considero necesario
para ser homosexual, pero hay que darse a respetar; también influye el
nivel cultural." Tampoco cree que la sociedad cubana esté preparada para
el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En cuanto al tema del racismo, "…lo veo todos los días en la televisión.
Seguimos sin tener protagonistas negros. Mi abuela veía un programa
infantil hace unos días y decía: 'ninguna negrita'". Pero piensa que
tanto las personas negras como los homosexuales "tenemos que ganarnos el
espacio".

Unos 20 minutos después, converso con Loreto (lo llamo así, porque me
recuerda a alguien con ese nombre. El suyo no me lo dirá). Tiene poco
más de 50 años. Es mucho más oscuro que Luis, más amanerado también,
menos elocuente. Sobre la reacción de su familia ante su orientación
sexual: "La que contaba era mi madre y ella siempre me aceptó". Está
convencido de que en este país "no hay racismo". Lo único que tiene en
común con Luis, además de su gusto por los hombres, es que a él también
lo detuvo la policía en la calle por ser homosexual. En su caso, uno
solo. Como Luis, tuvo que pagar para que lo dejara seguir su camino,
pero no en efectivo, sino en especie: "Ven para que me la ma…". A
algunos amigos suyos los metieron presos por homosexuales en aquella
época. Él prefirió no pasar por lo mismo.

Sin miedo a expresar su sexualidad

Raudel es el maricón más connotado del barrio. Lo veo pasar todos los
días cuando va a la bodega en busca del pan. Es un chico negro de 19
años, extremadamente amanerado, camina balanceando las caderas,
enfundado casi siempre en unos shorts muy corticos, camiseta ajustada
sin mangas y un pañuelo enrollado en la frente. No tiene reparos en
darme una entrevista, es muy amigo de mi hija desde que fueron
compañeros en la escuela primaria.

Se graduó de obrero calificado en elaboración de alimentos hace dos
años, una carrera que le garantiza el desempleo, su madre lo mantiene,
sus esfuerzos por buscar trabajo han sido inútiles, es rechazado cree
él, más porque necesita experiencia que por su homosexualidad. No teme
hablar sobre su vida, asumió su preferencia desde niño. Concientizó "su
asco a las mujeres" a los nueve años, en la primaria solo le gustaba
jugar con las niñas, amaba las muñecas y odiaba el deporte.

"Creo que nací con el sexo equivocado", me dice, "me encantaría operarme
para cambiarme el sexo". Sus sueños son imposibles en Cuba por eso se
conforma con travestirse en las noches cuando va al Parque Céspedes o
por las cercanías del Hotel Santiago en busca de sexo. Su gran sueño es
convertirse en transexual.

"Nunca me he escondido, en la secundaria me senté con mi papá y mi mamá
y se los dije, ellos notaban algo, pero no me dijeron nada. Mi mamá lo
tomó bien, pero mi papá sí me apartó, ahora cuando voy a verlo tengo que
vestirme normal." Son las únicas veces que se viste "de hombre"; su
forma de vestir es un desafío, provocativa y retadora, señala su
orientación sexual.

A causa de ello, recibe constantes agresiones verbales y físicas, pero
él no es aguantón, responde con la misma moneda a los agresores. Las
agresiones empezaron en la secundaria, se burlaban, le ponían nombretes
y muchas veces se fajaba a la salida. Nunca tuvo un amigo, era un
apestado, andaba con las hembras. Allí se acostumbró a no dejarse avasallar.

Ha tenido muchas peleas callejeras, la más dura hace poco, cuando
regresaba a su casa en la noche y cuatro muchachos le gritaron "Mira a
ese pájaro, vamos a caerle a piñazos" y se le abalanzaron. Pensaron que
él era mango bajito, pero pudo con ellos: pateó, mordió, tiró piedras y
palos y les rompió las camisas. "Salieron huyendo", me dice sonriendo
orgulloso, "me estoy dando a respetar".

Siente que lo discriminan más por ser gay negro. "La gente se asombra
cuando ve a un gay negro, te dicen: 'qué puerco'. ¿Y los blancos no lo
son? No sé explicarte el por qué de la diferencia, los blancos son más
flojos que los negros, se usaba ser un gay blanco por eso lo toleran, a
los negros nos corretean, nos tiran piedras y yo…. ay dios mío…"

Se angustia un poco, recorre mentalmente acontecimientos dolorosos de su
joven vida y decido salir del tema preguntándole si ha tenido pareja
estable: "No, soy un poquito excéntrico, chanchullero y ellos dicen
espérate, muchos tienen pena, tienen miedo a mostrarse; son los que se
esconden, están con su mujer y por la madrugada te buscan".

No desea relaciones duraderas. Su traumática entrada al sexo en la
secundaria, donde fue conejillo de los muchachos que querían probarse,
era la única manera de explorar su sexualidad. Encuentros fortuitos son
los que ha tenido hasta ahora, y no cree posible que en una ciudad como
Santiago una pareja gay exprese abiertamente su amor, y mucho menos con
un aspirante a transexual como él.

Su temor a la estabilidad también se basa en el terror que sufrió a los
14 años, cuando su madre casi muere al darse candela con alcohol por
culpa de un hombre. La quiere mucho, pero a su vista están siempre las
feas cicatrices que la deforman. Y por ahora enamorarse no está en sus
planes.

"He visto parejas de la mano en la Habana, pero aquí nunca", me dice.
"Ahora hay algunos que se visten de mujeres y se ponen por las noches
cerca del Hotel Santiago, en una parte oscura de la avenida, pero cuando
te vistes así tienes que tener cuidado, ahí vienen algunos que te pagan
para que se la mames y después te golpean. Y nada de llamar a la
policía, porque es peor. Aquí no se celebran marchas por el orgullo gay,
en ese sentido estamos atrasados."

Le advierto de los peligros de la promiscuidad pero, como todo joven, se
siente impune. No cree que le toque, y aunque hasta ahora reniega de una
pareja, sí le gustaría tenerla para el futuro y quizás tener una
familia. Mantiene la esperanza en que Cuba se abra realmente y se
formulen leyes en favor de los gays. Realizar una boda gay sería
extraordinario.

"Está ocurriendo en el mundo, al final tendrán que aprobarlo", dice. "Es
un derecho que tenemos."

Source: Negro y maricón | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1432126080_14679.html

lunes, 1 de junio de 2015

"Los insultos a homosexuales son también parte de la cubanía”

"Los insultos a homosexuales son también parte de la cubanía"
"Cuando estás en la calle recibes muchas muestras de todo tipo. Pero
mientras respetes a las personas con una buena obra siempre te
respetarán de vuelta"
lunes, junio 1, 2015 | Manuel Guerra Pérez

LA HABANA, Cuba. -Luis Manuel Otero Alcántara, quien se considera a sí
mismo como un artista autodidacta, ha presentado sus obras en varias
Bienales de la Habana.

Alcántara de 28 años, natal de la barriada del Cerro no oculta el ser
travesti en las calles de La Habana. Con tal naturalidad, aceptó hablar
con CubaNet.

Háblame sobre tus trabajos y presentaciones

"Yo realizo performances, dibujos, esculturas, pinturas. Siempre he
trabajado con materiales naturales como la madera, el papel, la tela y
lo corporal como en este caso. En estos momentos realizo este proyecto
itinerante que comencé desde el inicio de esta Bienal, me muestro con
esta vestimenta, también con otra tratando de parecer una bailarina de
Tropicana, también represento el color de esta bienal. Estoy en la calle
a tono con la propuesta del centro Wilfredo Lam."

¿Qué buscas con el contacto con la gente?

"Bueno hablar de todo, pero más sobre el futuro de Cuba, no dejarnos
llevar por los sueños de que los americanos vengan, conservar nuestras
raíces, no dejarnos ilusionar por la McDonald y por la Coca Cola. Está
bien las relaciones y las posibles aperturas, pero no podemos perder el
sentido de nuestra cubanía."

¿Crees que tu mensaje llega al público?

"Pienso que sí, en un principio cuando uno se enfrenta en una obra como
esta, siente un poco de temor porque no sabemos cómo pueden reaccionar
el público a la imagen. Cuando estás en la calle recibes muchas muestras
de todo tipo. Pero mientras respetes a las personas con una buena obra
siempre te respetarán de vuelta."

¿Percibes aceptación, tolerancia de parte de la sociedad?

"Se han ido ganando espacios, las personas se han ido mostrando más
tolerantes. Ahora se relacionan más con el tema de la libre orientación
sexual y este tipo de cosas. Todavía existen algunos que te ofenden con
insultos, pero eso también lo veo como parte de esa cubanía intrínseca
nuestra."

¿Este proyecto parte del Cenesex de Mariela Castro?

"Para nada, mi trabajo u obras no tienen que ver con el Cenesex (Centro
Nacional de Educación Sexual), no pertenezco a esa organización. Esta es
una obra independiente."

"Yo me he presentado en la mayoría de las inauguraciones de esta XII
Bienal de La Habana, en la, Cabaña, Palacio de Bellas Artes, Arte
Universal, Arte Cubano, Detrás del muro y ahora aquí en Kcho estudio."

"Aquellos que quieran conocer más sobre mis obras pueden buscar en
Internet, sabemos que es difícil el acceso a la web, pero no se pierde
nada con intentarlo."

Source: "Los insultos a homosexuales son también parte de la cubanía" |
Cubanet -
http://www.cubanet.org/mas-noticias/los-insultos-a-homosexuales-son-tambien-parte-de-la-cubania/